Que ya no hay palabras impronunciables
Urgentes se deslizan a lo largo de las calles, a lo ancho de las plazas,
Imposible, ya es inútil detenerlas.
Nacen a golpe de sueños, atraviesan contrafuertes,
Crecen por los muros, andan sobre los canelones,
Extienden su hablar
Desabrochando los ojales de las ásperas alcobas,
Enterrando mansedumbres.
Más allá de mis manos y tus dedos, de tu boca y mi voz,
Audibles sonidos esparcen inesperadas arquitecturas,
Y sonrío por este mayo y este sol que derrama
Olor a pan, a pan y a rosas.
Hay que roturar las aceras,
sembrar las calles,
ventilar en los balcones las apolilladas alfombras,
arrinconar escombros,
barrer pelusas,
saltar muros,
sacudir los trajes que duermen en los oxiados baúles,
beber el agua de la lluvia,
esperar lo imposible para después
comenzar de nuevo
roturando aceras,
sembrando calles,
ventilando apolilladas alfombras...
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